Te voy a contar el día exacto en que me cansé.
Manejo publicidad para e-commerce y viví un año dependiendo de creadores UGC: cuarenta y siete dólares el video, diez días de espera, y cada cambio otra semana. Hasta que una campaña me arrancó a levantar, necesité variantes YA... y el creador en visto. Se había ido de vacaciones. Ahí dije basta.
Me fui a las apps. Peor. Setenta dólares al mes por un avatar que hablaba como doblaje de los noventa. Yo le vendo a gente de Buenos Aires, de Guadalajara, de Medellín — y esta gente huele a robot a un kilómetro.
Me obsesioné meses con una sola pregunta: ¿de verdad necesito depender de alguien —persona o app— para tener un anuncio que venda en MI acento? No. El primer anuncio que saqué solo me costó cuarenta y un centavos, y tuve que mirarlo dos veces para acordarme si era el grabado o el mío. Ese día dejé de rogar. Esto es lo que te vengo a enseñar.
— El que se cansó de esperar un video.